
Existió. Lo vieron Dani y Vero una oscura tarde de enero terminando la década de los noventa. Cuentan que caminó la rue Paulin Ladeuze y en vez de dirigirse hacia el quartier de l’Hocaille, giró por el Chemin des Sages con una determinada intención. A través de un vidrio, frente a las dos inocentes estudiantes, abrió su impermeable negro y mostró lo mejor, o más bien lo peor de sí mismo. Las conocidas y alegres rumberas lograron salir del estado de shock porque Sebas prometió nunca más abandonarlas en el Sócrates y también porque al fin y al cabo el trauma lo vivieron juntas. Infortunadamente no corrí con la misma suerte. Una asoleada tarde de mayo, huyendo del quilombo habitual del Kot Latino o quizás de la letargia mortal del Kot Partenaires, busqué refugio académico en un pequeño salón del Sócrates. El hombre resurgió de la nada. Traía esta vez una pequeña camiseta y un short azul más corto que los que usaba mi papá en la selección nacional setentera. Entró, observó y, encontrando la perfecta ocasión, tomó una silla y se sentó bajo el marco de la puerta. Mientras que sus manos tenían acceso directo al objeto ya conocido en el mundo latino, las mías temblaban frente a ese interminable syllabus de
"Droit des gens et relations internationales"
. En un impulso bastante suicidario, pero recordando los consejos de mi mamá, logré decirle con una voz seria y dura: “
vous voulez bien fermer la porte?? J’ai un courant d’air qui me dérange”. El exhibicionista, masturbador salio corriendo y yo esperé en la ventana que un congolés fortachón pasará y me salvara. En su lugar pasó un belga flacuchento de première candi (Obviamente, las probabilidades eran mayores…). Con Boris fuimos a denunciarlo a la secretaría del Sócrates, pero nunca hicieron nada. Al fin y al cabo, quien putas nos metió la idea que la facultad de psicología era un lugar sano y seguro para tiempos de blocus??
1 comentario:
Esta tampoco. Qué tarde llegué a Lovaina.
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